Nicolas de Oresme y el primer tratado monetario de la historia

En este post quiero rendir homenaje a una obra que ha pasado desapercibida en la historia del pensamiento económico (exceptuando algunos autores) y que es sin duda una obra que inicia un área de la economía que había sido olvidada, sino hasta que Carl Menger pusiera las cosas de nuevo en su lugar.

Estoy hablando de Nicolas de Oresme y su invaluable obra: Tratado sobre el Origen, Naturaleza, Ley, y Alteración de las Monedas publicada en 1357.

El padre de la teoría monetaria

Hasta los tiempos de Oresme se había escrito sobre el comercio, la moneda, el préstamo, y economía en general, pero Oresme es de los primeros autores en dedicar todo un ensayo o tratado específicamente a un tema económico, y más importante aún, dedicado exclusivamente al dinero, por lo que ya podría decirse que la voz de Oresme influyó en posteriores autores que escribieron sobre el tema. En un articulo posterior hablaremos sobre Juan de Mariana, cuyo escrito monetario publicado en 1609 ya presentaba las terribles consecuencias de la manipulación de la moneda, sin embargo, el libro de Oresme es publicado tres siglos antes y he ahí el por qué de su rareza. Empecemos el análisis del libro.

El origen del dinero

A comparación de escritos anteriores como los de Platón y Aristóteles, que ponen en el Estado el origen del dinero. Oresme acierta a poner el origen en el actuar de las personas dentro del comercio, comenzando con el ya clásico ejemplo del trueque, cuyas limitantes ya muy conocidas (como el problema de la doble coincidencia de necesidades) son superadas en cuanto las personas se dan cuenta de lo favorecedor que es el uso del dinero, en palabras de Oresme:

Pero, como en tal permuta y transporte de géneros surgieran muchas dificultades, se les ocurrió a los hombres el uso de la moneda, que fuese el instrumento para intercambiarse las riquezas naturales, con las cuales se socorre, por su esencia (de per se), la necesidad humana.

Oresme no se pregunta explícitamente por qué, pero llega a la conclusión de que los metales preciosos terminaron siendo el mejor dinero posible y cita algunas razones de esto:

…que sea fácilmente manejable, transportable sin esfuerzo y que con una pequeña porción de él se obtengan riquezas naturales en cantidad mayor

También indica que aunque el oro debe ser lo suficientemente abundante no debe llegar a serlo tanto, como sucede con el cobre, pues esto tampoco es deseable.

Sobre la certificación de las monedas

Si bien Oresme pone en los comerciantes el origen de la moneda, también habla de un problema que surgió mientras el comercio se hacia más grande, ya que no había una certeza de que el peso de las monedas con las que se comerciaba fuera tal ya que se tenia que estar recurriendo a la balanza y esto no era suficiente, ya que la moneda podía haber sido aleada con otro metal como el cobre para pasar como moneda de oro puro. Oresme explica que a algunos “sabios” se les ocurrió imprimir una figura en las monedas de tal modo que certificaran un determinado peso y materia de la moneda, como vemos, incluso en la certificación de las monedas Oresme tampoco le da esa influencia al Estado, sino a algunos sabios que podríamos considerar a sabios como personas que eran más inteligentes que el resto de la población y que eran filósofos o teólogos muy respetados.

Pero Oresme si le da al Estado y específicamente al Rey o Príncipe la labor de servir como el que imprime su figura o la que considere adecuada en las monedas, principalmente por que es la persona más conocida y con más autoridad en la comunidad.

En el Capitulo 6 Oresme escribe algo importantísimo, si bien es cierto que el príncipe es el encargado de marcar la moneda y mandar su acuñación NO es el dueño de dicha moneda.

Dado que la moneda es el instrumento adecuado para la permuta de las riquezas naturales, como consta en el capítulo primero, por lo tanto es propiedad de aquellos a quienes pertenecen tales riquezas

Sobre la acuñación de la moneda

Así como la moneda es de la comunidad, por lo mismo se ha de acuñar a expensas de la comunidad. Esto se hace de manera adecuada si los costes de la acuñación se cargan sobre la moneda misma de esta manera: que la materia acuñable, como el oro, cuando se entrega para fabricar moneda o se da contra moneda, se dé por menos dinero de cuanto se pueda acuñar de ella, calculando un precio tasado

Es decir, el Príncipe y la casa de moneda debe acuñar la moneda necesaria y cobrar por ello un precio que sea justo por dichos servicios, por lo que se permite que el valor legal de la moneda exceda apenas su valor intrínseco (algo con lo que Juan de Mariana en el siglo XVI igual estaba de acuerdo en su De moneate mutatione). A esto se le conoce como Señoriaje.

La alteración de la moneda

Oresme explica cinco formas en las que el Principe puede manipular la moneda, sin embargo, aquí nos vamos a enfocar en sólo dos.

Podemos adelantar que cualquier forma de manipulación para Oresme no sólo es vil, sino que podría a mediano plazo hacer considerar al Príncipe un tirano, y no sólo a él sino también a sus sucesores.

Alteración por la denominación de las monedas

Esta era una forma muy común en la que los Príncipes se enriquecían a costa de la gente sin tener que manipular la moneda en si, bastaba en que en favor de alguna ley arbitraria impuesta por el Príncipe, se cambiara la denominación de alguna proporción entre las monedas.

Pero si otros nombres y monedas utilizamos en lugar de aquéllos, nunca, sin embargo, se han de modificar en vano. Veamos, por ejemplo, tres tipos de monedas: la primera vale un denario, la segunda un sueldo, la tercera una libra. Si se cambia la denominación de una y no la de la otra, se variará la proporción, sin embargo, una moneda altera su denominación, que la otra también se altere proporcionalmente; así, si la primera es llamada dos denarios, que la segunda sea llamada dos sólidos y la tercera dos libras. Si no se hiciera la otra modificación, sucedería que las mercancías se adquirirían proporcionalmente a mayor precio

Alteración del peso y materia de las monedas

Para empezar, Oresme califica de ilícita dicha alteración, pues el hecho de que el Príncipe certifique una moneda es precisamente para confirmar su peso y su materia, y el modificarlo sin que se trate de una nueva moneda es una mentira y un total fraude hacia la comunidad.

…recibiría moneda de buen peso y con ellas fabricaría y entregaría monedas de peso alterado. Y esto lo prohíbe Dios en muchos pasajes de la Sagrada Escritura. Pues dice el Sabio: «Pesas diversas y medidas diversas, ambas cosas son abominación para el Señor»

En el Capitulo 13, que es donde observa los daños de la alteración de la materia de la moneda, Oresme hace una especie de justicia etimológica, ya que antiguamente autores como Aristóteles le habían dado a la moneda una etimología diferente a la conocida en la época de Oresme. Específicamente Aristoteles, dicha palabra es “noumisma” que significa “ley“. Sin embargo, Oresme explica que de hecho la palabra moneda viene de “Moneo” que significa “yo te informo“. Por lo que el príncipe no sólo esta cometiendo fraude a su comunidad sino con la propia naturaleza del termino de la moneda.

Sobre las consecuencias y beneficio de la alteración de la moneda

No es sólo que Oresme rechace cualquier alteración del Príncipe por justificaciones morales y teológicas sino que también explica los daños que esto hace al comercio en general y como el Príncipe y sus allegados se benefician a costa de los demás.

Soy de la opinión que la causa principal y final por la que el príncipe quiere aprovecharse de la facultad de alterar las monedas es el beneficio o lucro que de ello puede obtener, pues, de otra manera, en vano haría tantas alteraciones y de tal magnitud.
Y, si dijera, como suelen mentir los tiranos, que tal lucro lo va a invertir en utilidad pública, no debe ser creído, pues por la misma razón me podría quitar la túnica y decir que la necesita por el bien común.

Para Oresme la primer consecuencia de esto es el enriquecimiento ilícito del Principie, y por supuesto, el encarecimiento de las mercancías, y es que Oresme hace un correcto análisis de la inflación que la alteración ocasiona en el comercio. Incluso lo trata como si fuera un impuesto más que el Príncipe tasa a la comunidad, puesto que en cuanto manipula la moneda a su favor es inevitable que los precios empiecen a subir, dicha alza de precios beneficia al Príncipe puesto que podrá saldar sus deudas y gasto con dinero malo y ser el primero en beneficiarse de la acuñación de la moneda buena en el futuro.

Consecuencias en el cálculo económico:

…las rentas en dinero, las pensiones anuales, los alquileres o censos y demás no se pueden, como es sabido, tasar o apreciar adecuadamente. Y el dinero no puede prestarse o fiarse con seguridad. Y lo mismo en otras operaciones semejantes. Incluso muchos no quieren hacer esas ayudas caritativas a causa de tales alteraciones

Consecuencias en el comercio externo

…las buenas mercancías o riquezas naturales cesan de importarse de los reinos extranjeros, donde la moneda así es alterada, pues los mercaderes prefieren, en igualdad de condiciones, dirigirse a aquellos lugares en que circula moneda cierta y buena

Esto resume la famosa Ley de Gresham que nos indica que en una alteración monetaria, la moneda mala siempre va a ser usada primero que la buena perjudicando al comercio.

La alteración de la moneda es peor que la usura

Como hasta el siglo XVIII la economía no existía como una materia o ciencia aparte, formaba parte de la filosofía moral, por lo que no nos es extraño que incluso un genio como Oresme haya aborrecido también la usura. Esto no es nuevo, desde Aristóteles afirmando que el dinero es estéril y por lo tanto va contra natura que produzca más dinero, pasando por las criticas al cobro del interés que hacia Santo Tomas de Aquino. El crédito en la Edad Media era mal visto, sólo permitido a los judíos y a personas que en una situación extrema requirieran un préstamo para salir adelante. Pues incluso un tema tan odiado por los teólogos es pequeño para Oresme comparado con el enriquecimiento del Príncipe por parte de la alteración de la moneda. Explica Oresme:

…el usurero entrega su dinero a alguien que lo recibe voluntariamente. Y éste puede luego ayudarse y socorrer
su necesidad, y lo que da al otro además del capital lo hace según un contrato entre las dos partes. Pero, el príncipe, en la alteración indebida de la moneda, toma siempre el dinero de sus súbditos contra su voluntad, porque prohíbe el curso de la anterior moneda mejor, que todos prefieren a la mala.

Conclusión

Como hemos visto, Oresme es un gran defensor de la no intervención de la moneda, sólo ve como correcta alguna modificación si dicha modificación es mandada o pedida por la comunidad, pero nunca por el Príncipe. Puesto que el sólo querrá beneficiarse a costa de los demás. Si trasladamos esto hacia nuestros tiempos que de ciertas y visionarias eran las palabras de Oresme. Hoy en día calificaría como tiranos a los Bancos Centrales, puesto que manipulan el dinero en favor del gobierno y sus bancos socios que son los que obtienen el dinero “bueno” y al final la gente que es propietaria del dinero se queda con el dinero “malo” ya devaluado por la inflación y por los peligros del monopolio monetario. Desgraciadamente, Oresme nunca apela a la libertad de acuñación de la moneda que hoy los austriacos tanto abogan, pero sin duda fue un férreo defensor de la propiedad de las personas que comercian con el dinero y de los terribles efectos de su manipulación. Es por esto que Oresme debería ser considerado padre de la teoría monetaria, sub-área de la economía que después los escolásticos españoles, Carl Menger, Mises, Hayek, Rothbard y otros austriacos ampliarían en favor de la libertad.

Si la curiosidad les llama y les interesa leer el libro, lo pueden descargar gratuitamente en el siguiente link:

http://www.raco.cat/…/ActaHi…/article/download/191590/287671

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